lunes, 15 de junio de 2020

“NUESTRO PUEBLO TIENE HAMBRE” UNA MIRADA A LA REALIDAD QUE ESTÁ ACONTECIENDO ANTE EL COVID-19





“NUESTRO PUEBLO TIENE HAMBRE” UNA MIRADA A LA REALIDAD QUE ESTÁ ACONTECIENDO ANTE EL COVID-19.
San Andrés Tuxtla, Veracruz; a 13 de junio de 2020. 

Hermanas y Hermanos Catequistas de México.

Reciban un saludo fraterno de sus hermanos del equipo base de la DINNEC, del Padre Gerardo Blanco Pozos, de la Hna. Isabel Ramos Olvera, de Olga Carcur Castañeda, de su servidor y de los catequistas de la Diócesis de San Andrés Tuxtla en Veracruz. Tenemos necesidad de saludarlos en estos tiempos, que ciertamente quedarán marcados por el paso de Jesucristo, Buen Pastor y Buen Samaritano, ante la presencia del COVID-19.

1. En una reunión con representantes del Presbiterio de esta Diócesis, con el objetivo de discernir qué hacer y cómo hacer la voluntad de Dios en los tiempos de Cuaresma-Pascua y de pandemia, llegamos a una conclusión que podemos resumir con cuatro palabras: nuestro pueblo tiene hambre. Por un lado, tiene hambre de frijoles y tortillas, de empleos y de apoyos, de verdad y solidaridad; por otro lado, tiene hambre de Dios y de evangelización, tiene hambre de la Eucaristía y de los Sacramentos, hambre de la guía y del consuelo de sus Pastores y de sus Catequistas.
2. En este contexto de hambre del cuerpo y del alma, nos hacemos muchas preguntas: ¿Qué significa ser catequista en tiempos de sana distancia y nueva normalidad? ¿Qué significó celebrar la Cuaresma-Pascua 2020 en estos tiempos marcados por la crisis antropológicocultural y agravada por la pandemia? ¿Qué significa desayunar, comer y cenar en estos tiempos de cuarentena, de creciente desempleo y de crisis tanto de la economía formal como informal? ¿Cómo entender el lavatorio de los pies y la recomendación de lavarse las manos hasta 30 veces al día, cuando el agua del cielo no cae y el agua de la llave no llega a muchas casas? ¿Cómo demostrar que la Palabra de Dios tiene una fuerza capaz de transformar la conciencia personal y la conciencia colectiva? ¿Cómo crear procesos de evangelización para que la Palabra de Dios sea escuchada, entendida, asumida, encarnada, celebrada y transmitida? ¿Cómo ser luz del mundo y sal de la tierra en esta situación tan compleja que estamos viviendo? ¿Será posible crear procesos de evangelización que sean indicadores de que otro mundo es posible?

3. Es realmente impresionante lo que está ocurriendo en el mundo con ocasión de la pandemia llamada COVID-19. Cuando salgamos de esta turbulencia tendremos tiempo para valorar este acontecimiento en su justa dimensión, por ahora, ciertamente podemos presumir que la pandemia es también una advertencia para volver a muchas cosas que nunca debimos haber olvidado. Por ejemplo:

a) Las sanas y auténticas relaciones con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza y con Dios. Considero que, con esta clave de lectura, podremos encontrar un camino para ponerle Evangelio a lo que ahora se está llamando “la nueva normalidad”. Podremos también reubicar mejor los valores que hemos desordenado y recuperar el auténtico sentido de la vida, para el que fuimos eternamente ideados y eternamente elegidos.
b) Hemos tomado conciencia de lo grande, y al mismo tiempo de lo frágil y vulnerable que somos los seres humanos; sin embargo, como decía el Papa Francisco el miércoles de ceniza: “Somos polvo amado por Dios”.
c) Se ha cuestionado y al mismo tiempo se ha revalorado la relación con los demás. La famosa “sana distancia”, tan recomendada en estos tiempos, ha venido también a revalorar el beso y las caricias, la importancia del saludo, de la cercanía del abrazo, de la comunión y la interdependencia sin la cual no es posible vivir.
d) Nos hemos dado cuenta, que mientras lamentablemente muchos hermanos mueren de problemas respiratorios, nuestra casa común respira mejor; que los arroyos, los manantiales y las playas son más transparentes; que los pingüinos, los burros, la flora, la fauna y todas las criaturas tienen también una palabra qué comunicarnos en este momento pandémico de la historia.
e) Pero hay algo más, se está sintiendo literalmente y más allá de las costumbres, y del “cómodo criterio del siempre se ha hecho así” (Cfr. EG 33), más hambre y más sed de Dios, por donde quiera, están surgiendo nuevas maneras de satisfacer “esta hambre”, que para nosotros también es esencial.
f) Ante la medida sanitaria de “la sana distancia”, estamos descubriendo que, para los cristianos, la distancia no se mide sólo con metros y que el saludo y la ternura no se pueden encerrar.
g) Ante el llamado a cerrar los templos y a celebrar sin presencia física de fieles, hemos comprendido mejor lo que es adorar al Padre en espíritu y en verdad. El “Padre Nuestro” ha venido a ocupar el lugar místico que le pertenece, y el poder de la oración de intercesión mansa y humilde, es hoy con más lucidez, lo que ha sido siempre: el refugio, el consuelo y la medicina que cura, no sólo las enfermedades del cuerpo, sino también del alma. 

4. No lo olvidemos hermanas y hermanos catequistas, la Iglesia sólo atrae de verdad cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella, a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo. No lo olvidemos. Creemos firmemente que nuestra historia forma parte de la gran Historia de la Salvación; creemos que el presente es lo único que nos pertenece y es la gran oportunidad para escuchar y hacer la voluntad de Dios; creemos que el motor que nos impulsa a mirar con esperanza el futuro, tiene su punto de partida y su punto de llegada en el triunfo de Jesucristo muerto y resucitado. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso, proclamemos a los cuatro vientos que, en medio de esta incertidumbre de la pandemia: 

“Jesucristo hace nuevas todas las cosas”

5. Por lo mismo, los catequistas, con mirada de discípulos, nos ponemos las sandalias, porque hay nuevos terrenos por explorar y evangelizar; nos ceñimos la túnica, porque los retos que nos abre este nuevo escenario nos exigen caminar firmes, afianzados en nuestras verdades de fe; tomamos el cayado en nuestras manos, porque es tiempo de reinventar propuestas pastorales; aligeramos nuestro equipaje, porque la misión que se abre en este momento histórico, nos pide abandonar lo superfluo, para confiar más en Dios; y, finalmente, llenamos nuestras vasijas de aceite, conscientes de que, somos una iglesia samaritana, con muchos hermanos en el camino por auxiliar.
6. Que Dios todopoderoso les bendiga y acompañe, y que nuestra apertura a nuestro Señor Jesucristo, nos permita escuchar las mismas palabras que Zaqueo: “La salvación -salud- ha llegado a esta casa”.

+ Mons. Fidencio López Plaza.
V Obispo de la Diócesis San Andrés Tuxtla-Ver.
Responsable de la Dimensión Nacional de Evangelización y Catequesis.

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