martes, 16 de junio de 2020

LIBRO ANTIGUO ENCONTRADO DE 1914. ¿QUE CONTIENE? PARTE I


Catemaco, Ver. 16 de junio de 2020

Es impresionante cómo las cosas valiosas llegan a nuestras manos. Es el caso de este libro que que llegó a mis manos, sin saber lo valioso que contenía. Desde 1914 existió un libro de Horas Santas con un tema especial. el Sagrado Corazón de Jesús. En el agradecimiento se indica que la segunda edicion de este libro (edición mexicana) fue en septiembre de 1914. Por lo que, según datos del periódico "El Sol del México", paso a ser de dominio público, pues el libro tiene 106 años de antigüedad.
aquí te comparto por lo menos el inicio espero poder seguir compartiendo por fragmentos este valioso libro cuyo autor es el R. P. MATEO CRAWLEY - BOEVEY.





HORA SANTA
Doce métodos distintos para todos
los primeros Jueves del Año,
tres especiales para las festividades
del Corazón de Jesús,
Corazón de María y Jueves
Santo y siete
nuevos Ejercicios,
Por el

R. P. MATEO CRAWLEY BOEVEY
de los Sagrados Corazones

2 EDICION MEXICANA
(corregida y aumentada)
AUTORIZADA POR EL AUTOR




EDICIONES CRUZ
MÉXICO, D. F.



Nihil Obstat
CARMELO ARBIOL
Licenciado en Filosofía y Letras
Sup. SS. CC.-Censor


Imprimatur
+ PRUDENTIUS
Epis. Matrit-Complut







Imprimatur
LUIS M. MARTINEZ
Arzobispo de México.

LA PROPIEDAD Y LOS DERECHOS DEL AUTOR ESTAN ASEGURADOS
LUIS FOJO  -  FOJO                 EDITOR






En recuerdo imperecedero de mi Peregrinación, mil veces venturosa, a Paray-le-Monial, y en homenaje de rendida y eterna gratitud al Corazón Divino de Jesús por ese incomparable beneficio.
М. С. В.
Septiembre de 1914.












Oh, ¡amable Jesús! para expresaros mi reconocimiento y reparar mis infidelidades, os doy mi corazón, me consagro enteramente a vos y me propongo, con vuestra divina ayuda, no volver a pecar.
(100 días de indulgencia)







HORA SANTA
(Origen, importancia y prodigiosa
eficacia de este ejercicio)

H
e aquí una práctica eminentemente divina, no sólo en su fin, sino por su origen inmediato. Jesús, hablando a su sierva Margarita María, en 1674. le dice terminantemente desde el misterioso Tabernáculo de Paray-le-Monial: "Todas las noches del jueves al viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de tos Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía, más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañar me en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a mi Padre, te postrarás, con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores".

Tal es la palabra de imperiosa misericordia que estableció, en la primera Aurora de la devoción al Corazin de Jesus, la práctica de incomparable hermosura que llamamos la..

Hora Santa
Dos son, evidentemente, las ideas fundamentales de este ejercicio. Es la primera, una intención de amor compasivo, que une en esa Hora el alma del consolador, y del confidente, al Corazón Agonizante de su Salvador. "Te haré compartir, dice Jesús, la tristeza mortal de mi Getsemaní"... Y es la segunda, una reparación del pecado, un fin de desagravio redentor y de consuelo: "pedirás perdón por los pecadores".
Una y otra idea, cobran una luz mayor todavía con la siguiente revelación que debe sacudir con emoción intensa de dolor y claridad el corazón del creyente fervoroso. Oigamos siempre a la evidente de Paray: Se me presentó Jesús bajo a figura de un "Ecce Homo", cargado con su cruz, cubierto de llagas y de heridas., Su sangre adorable brotaba de todas ellas, y luego, con voz desgarradora y triste, me dijo "No habrá, por ventura, nadie que se compadezca de mí y que, teniéndome piedad, comparta el dolor que sufro en este estado lamentable en que me tienen sumido tantos  pecadores?...”
"Aquí tienes el Corazón que ha amado tanto a los hombres, y que no ha perdonado medio alguno de probarles su amor, hasta el extremo de agotarse y consumirse por ellos. Y en retorno, no recibo de la


mayor parte sino ingratitud y menosprecio, lo que me amarga mucho más que todo cuanto he sufrido en mi pasión, Si los hombres me correspondieran, siquiera en parte, consideraría poco lo que he hecho, y desearía, si posible fuera, sufrir más todavía… Pero ¡ay!, no tienen sino frialdad y rechazos para cada una de las solicitaciones de mi amor. Al menos tú, hija mia, concédeme el consuelo de verte reparar, en cuanto puedas y de ti dependa, esa ingratitud. Participa de mis congojas, y lora por la insensibilidad culpable de tantos corazones".
Quien haya leído esta queja, amarga como el justísimo reproche de un Dios, ultrajado con la afrenta del desprecio y del olvido, no extrañará que las diversas fórmulas de la HORA SANTA que ofrecemos al público piadoso respiren una gran tristeza y tengan todos los dejos angustiosos del divino lamento. Nuestra intención ha sido, a la verdad, recoger, como eco fidelísimo, el gemido vibrante del Dios de Getsemaní y de Paray-le-Monial… En uno y otro santuario, Jesús no habla, parece sollozar de amor y de amargura.
Hay algo más elocuente aún en la plegaria de la HORA SANTA, si se la hace, sobre todo, pública y solemnemente.
Escuchemos una vez más las confidencias de su Corazón, su primer apóstol, Margarita María.
"Tengo sed devoradora de ser amado de los hombres, pero no encuentro casi a nadie que tenga voluntad de aplacarla con retorno de amor cumplido y generoso...
No hallo quien me ofrezca en este estado de abandono, un lugar de reposo. Quieres tú consagrarme tu alma para que en ella descanse mi amor crucificado, que el mundo entero menosprecia? Quiero que tu corazón me sirva de asilo, en el que me cobije para solazarme, cuando los pecadores me. Entonces, con persigan y me arrojen de los suyos... los ardores de tu caridad, repararás las injurias que Oh', si, a pesar del infierno, reinaré recibo la omnipotencia de mi Corazón".

Tal es la idea final, idea triunfadora de este ejercicio de reparación de victoria. En la HORA SANTA se le ofrece el alma como un asilo, y, al propio tiempo, se le pide, por la agonía y la omnipotencia de su Corazón, el advenimiento de su reinado, la soberanía de su amor, en las conciencias y en los pueblos. El lo ha dicho: "La revelación de su Corazón es la segunda y la suprema redención del mundo, el último y decisivo esfuerzo de su caridad". Para cooperar a este triunfo, le acompañamos en la HORA SANTA, hasta llegar con El a la victoria o a la muerte. De ahí el clamor que hemos puesto en labios de la multitud de fieles, clamor que debe resarcirle del abandono en que tantos hijos ingratos le tuvieron relegado en el transcurso de los siglos:
¡Venga a nos el reinado de tu amante Corazón! Huelga decir que la Iglesia, no sólo ha sancionado, sino que bendice con efusión y recomienda con entusiasmo esta práctica bellísima.
Los Romanos Pontífices la han enriquecido con innumerables y preciosas indulgencias, y la Cofradía Matriz de la HORA SANTA establecida en Paray-le-Monial, guarda sus registros de asociados en la misma celda encantadora en la que Margarita María, al morir, recibió la última, la eterna revelación del amor del Corazón dulcísimo de Jesús.
Recuerden los sacerdotes, los religiosos, y cuantos, en alguna forma, puedan ejercer un apostolado de celo, que, después de la Sagrada Comunión, ningún recurso más eficaz de gracia que éste. ¡Ah! y no olviden que Jesús ha prometido grabar con caracteres imborrables en su adorable Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción. Quiera Dios que sean innumerables los apóstoles y las almas que, santificadas por este amor, puedan exclamar, en unión con la confidente bienaventurada de Paray: "Te pertenezco por entero, ¡oh divino y amable Corazón!... ¡Languidezco en el deseo de unirme a ti de poseerte, de abismarme en ti, de hacerte reinar!...
“¡Deliro por despojarme de esta miserable vida para gloria de tu Corazón... en él he hecho mi morada para siempre!"

"Adveniat regnum tuum".

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