jueves, 9 de abril de 2020

HOMILÍA JUEVES SANTO 09 ABRIL 2020.




NUESTRO PUEBLO TIENE HAMBRE DE DIOS Y DE COMIDA
(Jn 13,1-15 )




Saludo a los Sacerdotes, Diáconos, Hermanas de Vida Consagrada, Seminaristas y Fieles Laicos.

Saludo a todas las familias y catequistas de la Diócesis y del país, que desde sus casas están en comunión con nosotros.
-Saludo a la familia de FM 92.7. A los directivos, locutores, al personal de servicio, al auditorio que nos escucha. Saludo y agradezco a nuestros patrocinadores. Dios les bendiga.

-Saludos con cariño a nuestros Medios Diocesanos de Comunicación: Conexión Vital RTV, Arnmultimedios.com.mx. y a todos los equipos parroquiales de comunicación y de comunión                                              diocesana.

-Saludo con inmensa gratitud a ustedes mis queridos Sacerdotes. Tengo una palabra que decirles. La palabra es ésta: ¡Eucaristía! Sí ¡Eucaristía!... Gracias por ser Eucaristía. 
Les recuerdo que nacimos Sacerdotes en la cena que hoy conmemoramos. Celebren con estupor la Santa Eucaristía en sus parroquias. Miren y sientan con corazón de pastores el hambre de su rebaño, sean profetas del consuelo y la esperanza. Disfruten en su intimidad y en la comunión con todo nuestro presbiterio, la alegría y la belleza de ser Sacerdotes-Eucaristía, al servicio de Dios en los hermanos. Reciban un abrazo fraterno.


1.- ¿Qué significa celebrar la cena del Señor en tiempos de pandemia?

En una reunión con representantes del Presbiterio de esta Diócesis, con el objetivo de discernir qué hacer y cómo hacer la voluntad de Dios en estos tiempos de Semana Santa y de pandemia, llegamos a una conclusión que podemos resumir con cuatro palabras: nuestro pueblo tiene hambre. Las ovejas del rebaño que Dios nos ha encomendado tienen hambre de Palabra de Dios, y hambre de frijoles y tortillas.
En este contexto nos hacemos muchas preguntas: ¿Que significa celebrar la Pascua en estos tiempos marcados por cultura del descarte que ahora acelera con esta pandemia que padecemos? ¿Qué significa cenar, en estos tiempos de cuarentena, desempleo masivo, y de una economía formal e informal en crisis? ¿Cómo entender el lavatorio de los pies y de las manos, cuando el agua del cielo no cae y el agua de la llave no llega a muchas casas? ¿Cómo demostrar que la palabra de Dios tiene una fuerza capaz de transformar la conciencia personal y la conciencia colectiva? ¿Cómo crear procesos de evangelización para que la Palabra de Dios sea escuchada, entendida, asumida, encarnada, celebrada y transmitida? ¿Será posible crear procesos que acompañen a las personas todo el arco de la
vida? Todas estas preguntas son a propósito de aquella conclusión de la reunión antes mencionada: Nuestro pueblo tiene hambre de Dios, de frijoles y tortillas.


2.- La solución de Jesús al problema del hambre es compartir.


Ante el fenómeno del hambre también conocido como el milagro de la multiplicación de los panes Jesús dijo: "Me da compasión esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen por el camino". (Mt 15,32).


Fue la compasión, que literalmente significa “padecer con”, la que ocasionó lo que llamamos el milagro de la multiplicación de los panes. En dicho acontecimiento aparecen por lo menos tres maneras de solucionar el problema del hambre: La primera despedirlos, la segunda, comprar pan, y la tercera compartir los cinco panes y los dos peces.
Para Jesús la solución al problema del hambre está llena de simplicidad; consiste sencillamente en compartir lo que cada uno tiene. Dice el evangelio que citamos:
- “Entonces Jesús les mandó que los sentaran en grupos".  La solución que se busque tiene que ser participativa y compartida. No se trata de esperar sólo los apoyos.

-Entonces Jesús “tomó los cinco panes y los dos pescados y levantando los ojos al cielo pronunció la bendición". Es necesario reconocer que nuestros bienes son un regalo del Padre a la humanidad, para ponerlos al servicio de los hermanos, sabiendo que desde el principio Dios hizo bienes suficientes; y para todos. No olvidemos que la vida no se nos ha dado para hacer dinero si no para hacernos hermanos.

- Luego, “Jesús partió los panes y los iba dando a los discípulos para que los repartieran". Esta es la solución y la lección suprema: Es partiendo, repartiendo la vida y los bienes como se soluciona el problema del hambre. Dice el evangelio que "Todos comieron hasta saciarse" pero además afirma: “se recogieron doce canastos de sobras”. El signo de compartir los panes y los pescados fue pleno. Partiendo y repartiendo los cinco panes y los dos pescados que Dios nos ha dado, se solucione el problema del hambre y hasta sobra.
No hay que olvidar nada de esto, porque todo esto, quedará después como el sacramento de la comunión y de la solidaridad en la Santa Eucaristía. Seguramente cuando Jesús celebró la Eucaristía pensaba en la multiplicación de los panes, y cuando multiplicó los panes pensaba en la Eucaristía.


3. “Tomen y coman todos, esto es mi cuerpo. Hagan esto en memoria mía”.

Así la eucaristía se convirtió en lo que después el Concilio Vaticano II, llamara cumbre y fuente de la vida cristiana. Asi es hermanas y hermanos, Jesucristo en la última cena nos enseñó por lo menos cuatro cosas: que en cada Eucaristía la
ofrenda principal para el sacrificio ya no son los animales ni otras cosas externas, ahora la ofrenda es cada cristiano. Que en cada Eucaristía retornamos a nuestro origen como personas y como cristianos. Que en cada Eucaristía encontramos el sentido de la vida y que en cada Eucaristía encontramos el itinerario y el secreto de Jesús para formar discípulos: nos lo dice con cuatro gestos y tres frases: “Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió, lo repartió”, luego tres frases que revelan el secreto: Esto es mi cuerpo, coman todos de él, y hagan esto en memoria mía (Mt.26,26. Mc14,22. Luc.22,19).

 ¡Bendita Eucaristía ¡
Por eso es que los cristianos no podemos vivir sin la Eucaristía, siempre será luminoso el testimonio de los 49 mártires de Abitinia hoy Túnez. Ellos cuando fueron sorprendidos celebrando la Santa Eucaristía en tiempos prohibidos, allá en el año 304 bajo el imperio de Diocleciano.

A todos ellos: jóvenes, niños, viejos, hombres y mujeres en el juicio que se les hizo antes del martirio les preguntaban: ¿Asististe a la reunión? Y todos ellos respondieron sin haberse puesto de acuerdo: “Soy cristiano”. Les replicaban: “No te pregunto si eres cristiano, sino si asististe a la reunión”, y ellos respondían: “Nosotros somos cristianos, y no podemos guardar otra ley que la ley Santa del Señor, hasta el derramamiento de nuestra sangre”. Este es el secreto hermanas y hermanos. Este es el principio que rige nuestra vida: “Tomen y coman todos, esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes, hagan esto en memoria mía”


Nos encomendamos a Jesucristo el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Que así sea.



+ Fidencio López Plaza
Obispo de San Andrés Tuxtla- Veracruz.




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