domingo, 12 de abril de 2020

Homilía Domingo de Pascua. 12 de abril. Domingo de Pascua. MONS. FIDENCIO LÓPEZ PLAZA

¡RESUCITÓ EL SEÑOR! LA PAZ ESTE CON USTEDES.
(Jn 20, 1-9)

Hermanas y hermanos. ¡La paz esté con ustedes!
1. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya
Hace ocho días también a estas horas, celebramos lo que llamamos tradicionalmente el Domingo de Ramos. Comenzamos con la procesión de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y después ya en el templo, escuchamos la lectura de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Antes de la muerte celebramos su triunfo, antes de su muerte celebramos la resurrección como un anticipo de lo hoy estamos celebrando: La fiesta de la entrada triunfal de Jesucristo Resucitado. Aleluya. Éste es el día del triunfo del Señor.
Como el grano de trigo que al morir da mil frutos, resucitó el Señor.
El amor vence al odio, y el sencillo al soberbio, resucitó el Señor.
La luz vence a la sombra, y la paz a la guerra, resucitó el Señor.

Resucitó el Señor y vive en la palabra de aquel que lucha y muere gritando la verdad.
Resucitó el Señor y vive en la esperanza del hombre que camina creyendo en los demás.
Resucitó el Señor y manda los creyentes crecerse ante acoso, que sufre la verdad.
Resucitó el Señor y llama ante la puerta de todos los que olvidan lo urgente que es amar. Hay que repetirlo las veces que sean necesarias: Antes de la pasión hay que celebrar el triunfo del Señor. Aleluya. Éste es el día del triunfo del Señor.
2. La pasión por la vida, es propia del que cree en la resurrección.
Cuando uno es sorprendido por la fuerza de la resurrección de Jesús, comienza a entender a Dios de una manera nueva. Como un Padre apasionado por la vida de sus hijos, comienza amar la vida de una manera diferente, y donde otros sólo ven ausencia, trivialidad o muerte, él ve una nueva realidad. La razón es bien sencilla. La resurrección de Jesús nos descubre, antes que nada, que Dios es alguien que pone vida donde los seres humanos ponemos muerte; alguien que genera vida donde los seres humanos la destruimos.
Hoy, la humanidad, amenazada desde tantos frentes y por tantos peligros que ella misma ha desencadenado, necesita hombres y mujeres comprometidos incondicionalmente y de manera radical en la defensa de la vida. Esta lucha por la vida debemos iniciarla en nuestro propio corazón, campo de batalla en el que se discute la primacía el amor a la vida y el amor a la muerte. Pero hemos de llevarla más allá. La pasión por la vida, propia del que cree en la resurrección, debe impulsar a hacernos presentes ahí donde se produce muerte, para luchar con todas las fuerzas frente a cualquier ataque a la vida. Los que viven así, son los que el evangelio identifica como los que “vieron y creyeron”.
3. Nadie puede arrancarnos o quitarnos los signos de la vida.
No es posible celebrar la Pascua de la resurrección, si no estamos dispuestos a poner en discusión y revisar nuestra escala de valores. Una fiesta que no incida en las opciones de fondo de nuestra vida, que no nos meta el deseo de una nueva creación, que no siembre en el corazón el gozo y la utopía de un futuro distinto y urgente, no es la fiesta de la resurrección, es una parodia de la fiesta cristiana.
Celebrar la Pascua y creer en la resurrección, no significa explorar devotamente sepulcro vacío, sino leer los signos que tenemos en la vida. Es decir, acoger el testimonio de los pobres, la esperanza de los que luchan por la justicia, el canto de los que aman la vida, la alegría de los que se entregan, el gozo de los que perdonan, la fe de los que no tienen miedo, la ternura de los que ofrecen misericordia, la utopía de los que trabajan por una sociedad más justa... Esto es ir a Galilea, y ponerse tras las huellas del Resucitado, reconocerlo en el que está a lado, y dejarse encontrar por Él...
Finalmente, hermanas y hermanos, hoy comenzamos las fiestas de Pascua. Es tan grande esta fiesta, que está pensada como un domingo sin ocaso. Por eso la fiesta es una semana de domingos, y una semana de semanas, que culminará dentro de 50 días con la gran fiesta de Pentecostés. Para este tiempo en el que continuamos con las medidas sanitarias causadas por la pandemia COVID 19, les recuerdo que sigue nuestro proyecto “Con Jesús la salud está en casa”. El domingo 26 de abril tendremos la apertura de la misión intensiva de Pascua en familia. Así celebraremos ahora el día del católico de una manera diferente primero en las familias y en su momento lo haremos también a nivel Diócesis. Para éste acontecimiento les ofrecemos ahora entre otras cosas, nuestro folleto catequesis para aprender hacer discípulos misioneros de la reconciliación y de la paz en familia.
Que San José y la Santísima Virgen que cuidaron del cuerpo físico de Jesús y ahora cuida de su cuerpo místico que es la Iglesia, nos protejan y nos acompañen. que así sea

+ Fidencio López Plaza.
Obispo de San Andrés Tuxtla- Veracruz.

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