domingo, 29 de marzo de 2020

HOMILIA MISA DOMINICAL. 29 MARZO. V DOM. CUARESMA.





LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO Y EL COVID- 19
“Esta enfermedad no acabará en la muerte”.
(Homilía de Mons. Fidencio López Plaza)

Saludo a todos ustedes hermanas y hermanos, de todas las parroquias de nuestra Iglesia Diocesana de San Andrés Tuxtla.

Saludo y agradezco también a todos los que se conectan con nosotros desde Querétaro, Guanajuato, y otras partes del país, como pudimos verificarlo el domingo pasado. Muchas gracias.

Saludos de modo especial a todos mis hermanos enfermos y a los médicos enfermeras y familiares que los atienden.
1. Introducción
Estamos en comunión gracias a Dios y a este medio diocesano de comunicación, llamado conexión vital RTV. Esto es justamente lo que vamos a celebrar: la conexión vital por excelencia con Dios y con los hermanos por medio de la Santa eucaristía.

Ante el comienzo de la segunda fase de pasión de México y del mundo, causada por la pandemia COVID 19, y antes de escuchar la lectura de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo el próximo domingo de Ramos, la sagrada liturgia nos propone como preámbulo, este hermoso evangelio conocido como la resurrección de Lázaro. Considero que este evangelio es como la llave para abrir, y el cirio para caminar y contemplar el misterio fundante de nuestra fe, en la semana Santa que comenzaremos el próximo domingo. Sobre esto les comparto tres reflexiones:

PRIMERA REFLEXIÓN: “Esta enfermedad no acabará en la muerte”.

Esta buena noticia de Jesús a Marta, a María y a quienes les acompañaban en su duelo ante la muerte su hermano Lázaro, también es una buena noticia para nosotros hoy, ante el dolor y el pánico causado por la violencia y la pandemia COVID-19.
Hace ocho días los discípulos le preguntaron a Jesús acerca del ciego de nacimiento: “Quién pecó él o sus padres”, y Jesús les contestó no pecó ni él ni sus padres. Nació así para que se manifestara la gloria de Dios”. (Jn. 9, 1-41). Ahora de manera muy similar, cuando Martha y María le mandan decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”, El responde: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” Se trata de dos signos para manifestar la gloria de Dios. (Lc.11,1-45).

La enfermedad de Lázaro se debe a su condición humana, que lleva consigo la muerte física, pero está rodeada por el miedo que es la máxima esclavitud del hombre y la raíz de todas las esclavitudes de las que viene a liberarnos Jesús.
-Por eso ésta “persona” se llama Lázaro, es decir enfermo que necesita la ayuda de Dios.
-Lázaro que es como la síntesis y el caso límite de todos los enfermos que han aparecido en el evangelio.
-En Lázaro se manifiesta la plenitud de la obra de Jesús con la humanidad enferma, mostrando hasta qué punto es poderosa la vida que él comunica.
-Está es la razón de la buena noticia: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios.

SEGUNDA REFLEXIÓN: “Yo soy la resurrección y la vida”.

La intención de este evangelio parece evidente: Jesús es la resurrección y la vida del pueblo representado en la persona de Lázaro. Todo el relato gira en torno a esta frase: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”

Por eso después de esta buena noticia, de llorar, y de consolar a las hermanas de difunto, Jesús profundamente conmovido dijo: “Quiten la piedra”, ese es el primer paso, hay que quitar la loza. Quien está tendido detrás la piedra, está cerrado a cualquier tipo de relación. Por eso solo después de que la piedra es removida y de orar al Padre, Jesús grita con voz potente: ¡Lázaro sal fuera! Su palabra de amigo penetra en todos los rincones de la cueva mortuoria, despierta al muerto y le hace salir del sepulcro andando. Jesús es el vencedor sobre la muerte. En Jesús, la muerte ha perdido su poder sobre nosotros. Pero la resurrección sólo culmina cuando el difunto se ve libre de ataduras y puede caminar.
-Se trata de una de las imágenes más bellas del misterio de la resurrección: la palabra de amistad de Jesús nos alcanza incluso en la muerte. Su amor es más fuerte que la muerte.
-Allí donde Jesús actúa, la muerte no tiene ningún poder sobre nosotros.
-Jesús nos conduce de la muerte a la vida, no al revés. Por eso hay que resucita antes de morir.
-Quien sale de la tumba puede ser visto aquí y ahora con claridad, sin máscaras, sin ataduras, haciendo visible aquella frase que tanto me gusta: “El cielo se vive desde el suelo viviendo como hermanos”.

TERCERA REFLEXION: creer en Dios es creer en la vida.

La fe en la resurrección es la fe en la vida. ¡Esta vida! No es fe en una vida indefinida sin más. Es otra vida. Por eso, ha de ser una fe viva y activa que lucha contra todo lo que mortifica y reprime la vida, que lucha contra la pandemia Corona virus, contra la pobreza, contra la violencia, contra la exclusión, contra la injusticia. Creer en la vida es también tener una palabra en nombre de Dios para los violentos, los injustos, los opresores, y todos los que instrumentalizan la muerte y el miedo a la muerte, para someter a los demás. La fe en la vida esta plena esperanza, empeñada en la transformación del mundo.
Hoy ante la violencia y la pandemia que padecemos, Jesús nos vuelve a gritar: “Quiten la piedra” salgan de allí, salgan de todo eso que los oprime y los mata, Dios no nos ha creado para la tumba, nos ha creado para que tengamos vida y vida en abundancia.

Nos encomendamos al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

+Fidencio.

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