miércoles, 19 de junio de 2019

UNA MADRE DESESPERADA



Cuando mi hijo nació todo fue alegría, llevaba nueve años que en mi familia no había bebés, él se llama Emmanuel, sus amigos le dicen chivo, llegó a ser el niño más querido de todos por ser blanquito y gordito, todos en la familia se desbordaban de amor para con él, fue creciendo y yo no me daba cuenta que todo ese amor le estaba haciendo daño.

No sabía cómo expresarle dicho amor, para que este fuese para él un bien y no un mal, él vive junto con nosotros; papá, mamá y sus hermanos, pero aun así  él se siente solo, no siente la cercanía de sus seres queridos y no encuentra un lugar dentro de su familia, siente que no encaja en ningún lado. Yo quería que él hiciera lo mismo que todos sus hermanos hacían: estudiar, ir a misa, hacer sus tareas y cumplir con sus obligaciones, buscaba algo que no se debe hacer con los hijos, tratarlos como a los otros hijos y buscar que sus acciones fueran similares a los otros y esto solo por mi propia comodidad como madre.


Pero él solo quería jugar futbol, se reveló con todos, con tal de que lo dejaran estar en un equipo, prometió cosas que a mí me agradaban con el fin de ser parte de algo que él tanto anhelaba, y por fin con solo el permiso de su papá entro al equipo con mucho entusiasmo y así llegó a ser muy famoso en el equipo porque a pesar de ser gordito es el que metía más goles, ahora solo tiene 17 años y no quiere saber nada de Dios, porque él cree que Dios es un dios en el cual uno se tiene que privar de muchas cosas, para  poder seguirlo.

“Muéstrale al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en el aun en la vejez” Prov. 22, 6

Ha optado por tomar como dios a la tecnología, un dios que para él sí existe, sí encuentra y lo aparta de su soledad.

Ama a tus hijos y dales el tiempo, porque mañana puede ser demasiado tarde.

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