jueves, 16 de marzo de 2017

REFLEXIÓN DOMINICAL. III DOMINGO DE CUARESMA

REFLEXIÓN DOMINICAL
FE, MATRIMONIO Y FAMILIA.
III DOMINGO DE CUARESMA
19 DE MARZO CICLO A.
Pbro. Teódulo Morales Mezo.
Del Santo Evangelio Según san Juan (Jn. 4, 5-42)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía. Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: "Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".
La mujer le respondió: "Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna".
La mujer le dijo: "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". Él le dijo: "Ve a llamar a tu marido y vuelve". La mujer le contestó: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Tienes razón en decir: 'No tengo marido'. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". Jesús le dijo: "Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad". La mujer le dijo: "Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, Él nos dará razón de todo". Jesús le dijo: "Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?' Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde Él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come". Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen". Los discípulos comentaban entre sí: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: 'Uno es el que siembra y otro el que cosecha'. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto".
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Cuando los samaritanos llegaron a donde Él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es, de veras, el Salvador del mundo".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

1. LOS PADRES DE FAMILIA Y SUS HIJAS
Los pecados de las Jóvenes de hoy, me da la impresión, que tienen la misma raíz, el mismo origen. La falta de amor, de compañía, de compresión, etc. Es cierto, que en ocasiones no es así, es cierto que a muchas jóvenes no les falta ni dinero, ni compañía, ni amor, ni comprensión. Pero por lo mismo es más perverso su pecado.
Y es que no es novedad que en universidades, tecnológicos y hasta preparatorias (quien sabe si en secundaria también) hay toda una red de trata de blancas. Chicas, jovencitas que son prostituidas y que son reclutadas en dichas escuelas. Por cierto que les llaman prepagos. Hay quienes las ofrecen o se ofrecen ellas mismas y hay quienes las buscan y pagan por ellas grandes cantidades de dinero. No busco describir el fenómeno, sino descubrir la raíz del problema. Pues yo me pregunto con gran pesar… ¿Por qué estas chicas se atreven a lanzarse a esa clase de prostitución de lujo como esa? ¿Por qué alguien que está estudiando una carrera y que quiere una profesión desearía prostituirse?
Y se antojan varias respuestas. Por necesidad, por curiosidad, obligada por la pobreza, obligada por terceros, etc. Sea la razón que sea puedo intuir que hay necesidad en las jóvenes. Necesidad que, desde el Evangelio que hoy escuchamos se llama “Sed de amor”, “sed de dinero”, “sed de comprensión”, “sed de compañía.”
Pero ¿Por qué las jóvenes de hoy tienen esa necesidad y esa sed? Porque tienen unos padres que nos les dieron o no les dan amor, no las comprendieron o todavía no las comprenden. Tienen padres que no estuvieron con ellas o que todavía no están con ellas.
En todo caso no son del todo culpables, a ellas hay que decirles, y no solo decirles, sino hacerles ver, que Jesús es la fuente de esas sequedades. Tal vez como padre has fallado pero todavía puedes llevarla hasta Jesús. Es tu deber vigilar por su bienestar y, sobretodo, su bienestar espiritual. Comienza por pedirle perdón a tu hija. Comienza por arrepentirte. Reconoce tus fallas, y pide perdón, dedícate a sanar y reparar las heridas de tu familia y sobretodo las heridas de tus hijos, y en especial hoy la herida de tu hija.
Y repite conmigo…
Señor Jesús
tú conoces mis fallas, mi carencia y mis
limitaciones; ayúdame a reconocer
esas fallas. Dame la humildad
para reconocer que he fallado
y que todavía tengo fallas.
Pero no nos abandones, hoy en
este día te consagro a mi familia.
La pongo en tus manos.
Salva a mis hijos y en especial
a mis hijas de las garras del demonio.
Te lo pido a ti que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén.

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