viernes, 23 de septiembre de 2016

¿EXCLUIDOS O ACEPTADOS? ¿ANTIGUOS O MODERNOS? ¿ESPECULATIVOS U OPERATIVOS?



PEQUEREFLEXIONES
25 DE SEPTIEMBRE 2016
CICLO C
SEMANA XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 16, 19-31).
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba este en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levanto los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. Entonces grito: ‘Padre Abraham ten piedad de mí. Manda a Lázaro, que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contesto: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso el goza de consuelo, mientras que tu sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’. El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas que los escuchen’. Pero el rico replico: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces si se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto ‘’’. Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos hermanos:
Hay un mendigo en la puerta, (de la capilla, de Soriana y de Aurrerá…), tiene nombre, se llama Lázaro. Ponerle nombre es mucho, se supone que alguna vez me he parado, no sólo le he echado unas monedas distraídamente, he aprendido a llamarlo. Es verdad que dar una limosna al que está en la calle, no hace sino reproducir la mendicidad, pero también es verdad que acercarse, preguntar por sus llagas, es iniciar un camino en busca de la dignidad.
El rico (al que hemos llamado Epulón, aunque el evangelista no le pone nombre, cosas de San Lucas), no hace mal alguno, más aún, puede que piense que los bienes de los que disfruta, son signo de la bendición de Dios para los justos y la pobreza y la enfermedad, son signos de la maldición de Dios para los pecadores. La parábola nos habla de algo más fuerte, primero de la insensibilidad ante el sufrimiento. La buena vida, la abundancia: “el lino y la púrpura”, nos suelen hacer ciegos ante el dolor ajeno.Lo segundo, es que Jesús cuenta la parábola en el marco del Juicio de Dios, en la misma línea de la primera lectura de Amós: “Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos”. Visto como se plantea, parece que la pobreza salva automáticamente y la riqueza condena: “Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió el rico y lo enterraron. Y, estando en el infierno…”.
Si Jesús pone este ejemplo, es porque quiere la justicia ya, por eso su constante llamada a la conversión. Esta no llegará si los ricos, no cambiamos de conducta, no se escapen, somos todos nosotros, aunque no tengamos grandes cuentas en el banco. Por eso hay que recordarnos, que Dios, es el Dios de los pobres y que habrá un Juicio final, (repasar Mateo 25), para la salvación y la condenación. No vale decir es inevitable, siempre ha habido ricos y pobres, no se puede hacer nada, la igualdad es imposible, esas justificaciones no sirven.
Dice un refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, creo que no es preciso recordar, que el Juicio de Dios, no son nuestros juicios de hombre, ni incluso los de la Iglesia. Cada Eucaristía, como la que estamos celebrando hoy, es un banquete, donde deben caber todos aquellos con los que se juntaba el Maestro. Las cosas son muy sencillas: pan y vino y una comunidad a su alrededor. Pero su sentido es precioso, es el signo de la familia de Dios. Un día habrá mesa, sitio, pan, alegría y gozo para todos. Los mendigos no estarán sentados en la puerta y se luchará para que todos tengan trabajo y dignidad. No es nada evidente, que el Reino, nos reúna a todos en esta mesa, pero es lo que Dios quiere, nos pide y espera. La Palabra de Dios es clara: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”, el muerto ha resucitado: es Jesús. Él no quiere la injusticia, la explotación, la desigualdad, el dominio de unos sobre otros. Luchar por la igualdad, por acortar las diferencias entre ricos y pobres, estar con los excluidos, los descartados, es la tarea de nuestras parroquias. Todo un reto para el ejercicio de la caridad en la Iglesia.
PD: Añado un texto para la reflexión de Eduardo Galeano, “Los nadies”:  
Sueñan las pulgas con comprarse un perro
 y sueñan los nadies con salir de pobres,
 que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,
 que llueva a cántaros la buena suerte;
 pero la buena suerte no llueve ayer,
 ni hoy, ni mañana, ni nunca,
 ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
 por mucho que los nadies la llamen
 y aunque les pique la mano izquierda,
 o se levanten con el pie derecho,
 o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Julio César Rioja, cmf

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