jueves, 18 de agosto de 2016

¿HAY BOLETO PARA IR AL CIELO, O ES GRATIS? REFLEXION DOMINICAL 21 DE AGOSTO DE 2016




PEKEREFLEXIONES
Por: Pbro. Teódulo Morales Mezo
CICLO C
SEMANA XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Lc. 13, 22-30
¿HAY BOLETO PARA IR AL CIELO, O ES GRATIS?
Del Santo Evangelio según san Lucas
Gloria a Ti Señor
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan? Jesús le respondió “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta pues yo le aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ pero él res responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.
Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo se les aseguro que no sé quiénes son ustedes.  Apártense de mí todos ustedes que hacen el mal. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando  vean a Abraham, a Isaac, a Jacob, y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.
Vendrán muchos del Oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son últimos serán los primeros, y los que ahora son los primeros, serán últimos”.
Palabra de Dios.
Gloria a Ti Señor, Jesús.

El P. Pablo Scquizzato pertenece a la Congregación de sacerdotes de S. Benito Coctolengo, se dedica (peligrosamente) a la predicación y a la formación espiritual de los laicos. De hecho, dirige la casa de espiritualidad llamada Mater Unitatis  en Turín, Italia, y en el 2014 publicó un libro que se llama, Padre Nuestro que estás en el infierno. En dicho libro (pag. 15) afirma: Dios no rechaza a nadie, por muchos pecados que tenga a dentro, por todo el infierno que te pueda habitar, Dios no puede rechazarte. Es más, allí donde abundó el pecado, sobreabundó el amor. (Rm. 5,20) Estas palabras suenan muy hermosas y en principio, dan ganas de llorar, de hecho desde las primeras páginas el Padre Pablo, sostiene que Dios es amor. (Pág. 12). 

Más adelante, sigue diciendo el Padre Scquizzato: El amor de Dios es incondicional, o sea, no tiene como condición el amor, nuestra benevolencia, nuestra capacidad, nuestra santidad. Si Dios amara solo a los buenos, a los limpios, dejaría de ser Dios”. Que hermoso suena, y es hermoso porque es verdad, en realidad así es Dios. Y hasta aquí estamos de acuerdo pero…, después viene un problema.
En la página 18, critica a los católicos que piensan que se pueden salvar solos, y afirma: la solución siempre será el intento de salvarnos solo, quizá con actos meritorios, grandes sacrificios, como si fueran las obras (por muy santas que puedan ser) las que nos den salvación. (Nótese cómo el Padre Pablo Scquizzato raya en el quietismo, y al parecer no le da ningún valor a las obras, ni a los sacrificios).
Más adelante continúa su reflexión diciendo: si somos buenos y hacemos las cosas que le agradan, Él nos ama; si pecamos, si hacemos el mal, si lo negamos y lo traicionamos, entonces él nos rechaza, (…) nos castiga. Y bien, si razonamos de este modo, para nosotros el Evangelio nunca será buena noticia.
Esto a mí ya me incomoda bastante porque entonces no tan solo hablamos de un quietismo, sino de una falsa idea que va más allá de la Misericordia de Dios, estamos hablando de un Dios que no importa nada de mis actos, yo puedo seguir pecando total, Dios, como es amor, tiene que perdonarme, como si fuera obligación de perdonarme. Una conciencia así es capaz de exigirle a Dios –Tienes que perdonarme porque tú eres amor, y por ser Puro amor, tu deber es perdonarme aunque yo sean un pecador- . Así que peque mucho allá en la tierra, pero tu amor, te exijo que me perdones y me hagas pasar a la vida eterna.- ¿ok Señor? ¡Que me hagas pasar te digo!
Con razón este libro se llama Padre nuestro que estás en el infierno.  Pues con una forma de pensar, tu padre no es Dios, si no el demonio.
Y si acaso alguien piensa que exagero, con lo que hasta aquí voy diciendo,  basta terminar citando otros dos pasajes d este libro: Si Dios es para mí un Dios severo, que concede vida sólo a quien lo merece, a sus amigos que tienen éxito, entonces haré de todo para merecerlo. Pero un amor merecido es un amor comprado. Y si para mí Dios es un juez que premia a los buenos y castiga a los malos (…) sólo me podre comportar como veo al Padre, es decir, premiando a quien hace el bien y castigando a quien hace el mal (pág. 23). 

Casi falta decir que no hay que hacer nada, al Padre Scquizzato sólo le hace falta decir que puedes seguir pecando, que las obras, los sacrificios, los ayunos, no sirven para nada, es más, llega a crecer tanto en la falsa idea del quietismo moderno que cae al punto de afirmarlo literalmente, cuando llega al final del II capítulo, reflexionando el pasaje de (Lc. 2, 1-20) el llamado de los pastores a ir a ver al niño Jesús en Belén, recuerda la condición de los pastores en el pueblo de Israel, en esa época, considerados casi como unos, ladrones, despreciados y sin embargo, el Padre Scquizzato se asombra de que sean ellos los primeros en conocer la presencia de Dios entre los hombres, a la letra afirma: Observemos ahora la reacción de los pastores ante el increíble anuncio recibido: de parias de la sociedad, se convierten en misioneros, glorifican y alaban a Dios (v. 20). Inmediatamente viene una casi herejía. “El Señor no les pidió que se arrepintieran, no los envió a hacer penitencia por sus pecados. Los amó y los liberó“. Termina el capítulo II afirmando que la ley, los mandamientos, las normas no han cambiado nunca el corazón de nadie.
Yo termino diciéndoles hermanos, que yo que más quisiera que así fuera, qué diera yo por que no fuera necesario hacer penitencias, ni ayunos ni nada más. Que diera yo por seguir pecando sabiendo que igual merezco el cielo. Pero no, la doctrina de la retribución no es un invento de la Iglesia, es Jesús quien así lo puso como condición. Para entrar al cielo hay que esforzarse, es cierto que Dios es amor, que el ama, por igual, a todos. Lo que no es cierto es que una vez que él nos llama y una vez que nos encontramos con él, es necesario cambiar nuestra vida, renunciar al pecado. Una vez que Dios nos rescató, de nuestro esfuerzo depende, aunque no en gran medida, la salvación. Porque a fin de cuentas la misericordia de Dios es grande, pero no podemos vivir nuestra vida rechazándolo y luego exigiéndole que nos admita en su Reino.
De eso trata el evangelio de hoy. Si bien es cierto que Jesús no responde esta pregunta desde el punto de vista académico, si es cierto que Jesús pone todo el énfasis en el esfuerzo, “esfuércense”.  Y es que en realidad a Jesús, lo que le interesa es que cada quien cambie de conducta, es decir, cambie su estilo de vida. Eso es el esfuerzo. El chiste es convertirse, aun cuando sea demasiado tarde.

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